Acerca de Jesucristo
Desde el seno del Padre vino al seno de una virgen. Adoptó nuestra humanidad y se hizo Hijo del Hombre para que nosotros pudiéramos ser hechos hijos de Dios. Vino del cielo, donde los ríos nunca se hielan, los vientos nunca soplan, las escarchas nunca enfrían el aire, las flores no se marchitan, y sobre todo no hay enfermedades. Donde no hay funerarias ni cementerios, porque allí nadie jamás muere.
Recién nacido, turbó a un rey. Siendo adolescente, confundió a los doctores de la Ley. Ya siendo un hombre alteró el curso de la naturaleza, andubo sobre las olas e hizo calmar el bravo mar. Sanó a multitudes sin medicamentos y nunca cobró por sus servicios, ni siquiera "el agradecimiento". No escribió ningún libro; sin embargo es incontable lo que de Él se ha escrito. No compuso ni una poesía, pero ha inspirado la más grande y y sublime colección de poemas y canciones que jamás se haya escrito. No fundó ni siquiera una escuela elemental, pero todos los colegios del mundo juntos no pueden llenarse de tantos discípulos como Él ha tenido. Nunca estudió medicina, pero a lo largo de la historia Él ha sanado más corazones quebrantados que los médicos cuerpos enfermos.
Nunca reclutó soldados, ni mandó ejércitos y ni siquiera disparó un arma. Sin embargo, no hay caudillo que jamás haya hecho que tantos rebeldes rindieran sus armas sin el disparo de una sola bala. Él es quién armoniza toda discordia y sana toda dolencia. Grandes hombres han surgido y han pasado, mas Él permanece. Herodes no pudo matarle, Satanás no logró destruirle, la muerte no le pudo matar, ni el sepulcro retenerle. Los demás hombres nacemos sin ser consultados pero Él vino exactamente con la intención de morir y, aun a tiempo de librarse de sus enemigos, anunció a los suyos que le matarían, y además predijo cómo. Los demás hombres, por nuestra rebelión contra Díos tenemos la vida hipotecada, pero Él, íntegro y sin pecado, entregó su vida voluntariamente en la Cruz: No que se la quitaron; Él la dió. Y todo porque no había otro modo de reconciliarnos con Díos. Nos era necesario un Salvador, pero no un salvador cualquiera, sino Díos mismo hecho hombre, que respondiera con su muerte la Ley justa de por nuestros muchos pecados y rebeliones.
Se hizo pobre, siendo rico.
Nació de manera contraria a las leyes de la naturaleza. Vivió en pobreza y fue criado con humildad. Apenas cruzó las fronteras de su país en su infancia. No tubo riqueza ni influencia, ni siquiera pasó por una universidad. Sus parientes carecían por completo de distinción social o poder alguno. Él renunció a su ropaje real por el vestido de un aldeano. Era rico y se hizo pobre: Durmió en un pesebre. Cruzó el mar en la barca de otro. El asno que montó se lo dejaron. Y fue enterrado en un sepulcro prestado.Recién nacido, turbó a un rey. Siendo adolescente, confundió a los doctores de la Ley. Ya siendo un hombre alteró el curso de la naturaleza, andubo sobre las olas e hizo calmar el bravo mar. Sanó a multitudes sin medicamentos y nunca cobró por sus servicios, ni siquiera "el agradecimiento". No escribió ningún libro; sin embargo es incontable lo que de Él se ha escrito. No compuso ni una poesía, pero ha inspirado la más grande y y sublime colección de poemas y canciones que jamás se haya escrito. No fundó ni siquiera una escuela elemental, pero todos los colegios del mundo juntos no pueden llenarse de tantos discípulos como Él ha tenido. Nunca estudió medicina, pero a lo largo de la historia Él ha sanado más corazones quebrantados que los médicos cuerpos enfermos.
Nunca reclutó soldados, ni mandó ejércitos y ni siquiera disparó un arma. Sin embargo, no hay caudillo que jamás haya hecho que tantos rebeldes rindieran sus armas sin el disparo de una sola bala. Él es quién armoniza toda discordia y sana toda dolencia. Grandes hombres han surgido y han pasado, mas Él permanece. Herodes no pudo matarle, Satanás no logró destruirle, la muerte no le pudo matar, ni el sepulcro retenerle. Los demás hombres nacemos sin ser consultados pero Él vino exactamente con la intención de morir y, aun a tiempo de librarse de sus enemigos, anunció a los suyos que le matarían, y además predijo cómo. Los demás hombres, por nuestra rebelión contra Díos tenemos la vida hipotecada, pero Él, íntegro y sin pecado, entregó su vida voluntariamente en la Cruz: No que se la quitaron; Él la dió. Y todo porque no había otro modo de reconciliarnos con Díos. Nos era necesario un Salvador, pero no un salvador cualquiera, sino Díos mismo hecho hombre, que respondiera con su muerte la Ley justa de por nuestros muchos pecados y rebeliones.

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